Los Sentidos - El Gusto
Cuidado de los sentidos
Es
evidente que nuestros cinco sentidos son de suma importancia para nuestro
bienestar físico y mental. Y es que, aunque tal vez no siempre seamos
conscientes de ello, estamos ante uno de los sistemas fundamentales del cuerpo
humano.
Gracias
a nuestros cinco sentidos somos capaces de experimentar, captar y conocer todo
lo que nos rodea, así que es evidente que debemos hacer todo lo posible por
cuidarlos. Si quieres conocer más relacionado sobre esto, en mi terapia de
biodescodificación podemos tratarlo.
¿Por qué es tan importante cuidar los sentidos?
Nuestros
cinco sentidos son una de las herramientas más importantes de las que
disponemos los seres humanos a la hora de desenvolvernos por la vida.
Evidentemente, es muy importante mantenerlos en las mejores condiciones posibles.
La verdad
es que juntos forman un gran equipo. Al unirse logran cosas tan maravillosas
como que nuestra mente pueda crear un mapa de recuerdos, así como que
aprendamos, asimilemos información e imágenes o establecamos conexiones.
También les debemos otras cosas tan importantes como el poder ver, oler, tocar,
sentir, escuchar o saborear, entre otras.
¿Qué es el
sentido del gusto?
El gusto o
sentido del gusto es uno de los cinco sentidos a través de los cuales el ser
humano se relaciona con la realidad circundante, es decir, a través de los
cuales obtiene información de ella.
Entre
ellos, tanto el gusto como el olfato se consideran sentidos de
quimiorrecepción, o sea, de detección de moléculas y compuestos químicos
presentes en la materia, pero a diferencia del olfato, que opera a la
distancia, el gusto obtiene información a través del contacto directo de los
quimiorreceptores del cuerpo con la materia consumida.
¿Cómo
funciona el sentido del gusto?
La
percepción del gusto se produce en la boca, lógicamente, gracias a la
interacción entre la comida y los llamados corpúsculos gustativos, la mayoría
de los cuales se encuentran en la superficie de la lengua. Un adulto humano
posee alrededor de 10.000 de ellos, agrupados en estructuras de mayor tamaño
llamadas papilas gustativas.
Al entrar
en contacto con los alimentos disueltos en la saliva, las papilas gustativas
liberan neurotransmisores que desencadenan a su vez un impulso nervioso,
transmitido a través de fibras nerviosas específicas (llamadas vías gustativas)
de los botones gustativos dentro de cada papila, hasta el núcleo del fascículo
solitario en el bulbo raquídeo del cerebro.
¿Qué causa
los trastornos del gusto?
Algunas
personas nacen con trastornos del gusto, pero la mayoría de estos trastornos se
desarrollan después de una lesión o enfermedad. Entre las causas de los
problemas del gusto están:
las
infecciones respiratorias y del oído medio,
la
radioterapia para el cáncer de cabeza o cuello,
la
exposición a ciertos productos químicos como los insecticidas, y a algunos
medicamentos como ciertos antibióticos y antihistamínicos comunes,
las
lesiones en la cabeza,
algunas
cirugías del oído, la nariz y la garganta (como la cirugía del oído medio) o la
extracción del tercer molar (la muela del juicio),
la mala
higiene bucal y problemas dentales.
Dependiendo
de su forma y su estructura, las papilas gustativas se clasifican en:
Papilas
fungiformes, que tienen forma de hongo y se ubican en el dorso anterior y los
bordes laterales de la lengua, y contienen hasta 5 botones gustativos en su
región superior. Son las encargadas de percibir los sabores dulces.
Papilas
circunvaladas, también llamadas caliciformes, tienen forma de copa (cáliz) y se
encuentran cerca de la base de la lengua, dispuestas en forma de V. Cada una
puede tener hasta 100 botones gustativos en su interior, dedicadas a captar el
sabor amargo, mientras que otras cumplen funciones de sostén estructural.
Papilas
foliáceas, con forma de hoja de árbol, que se ubican en la región posterior de
la lengua y en la mucosa lingual. Pueden percibirse a simple vista y aunque
suelen ser de las papilas menos desarrolladas, se dedican a la percepción de
sabores salados.
Papilas
cónicas, también llamadas filiformes, tienen forma de filamento y se hallan en
los bordes laterales y la punta de la lengua. A diferencia de las anteriores,
no poseen funciones gustativas (carecen de botones gustativos) ya que su tarea
es percibir la textura y la temperatura de los alimentos.
Modalidades gustativas básicas
El estudio de la percepción del gusto ha identificado, en general, cinco tipos de sabores básicos, llamados “modalidades gustativas”, en los que puede descomponerse cualquier sabor perceptible. Obviamente, su reconocimiento está asociado a la acción de distintas papilas gustativas y por ello puede variar con la edad, dado que en la vejez los sabores pierden intensidad, fruto del debilitamiento de las papilas gustativas. Los cinco sabores básicos son los siguientes:
Sabor ácido o agrio, como el que posee el
limón. Es percibido en la región lateral posterior de la lengua, y se debe a la
presencia de cationes de hidrógeno en los alimentos: a mayor concentración de
hidrógeno, mayor acidez.
Sabor amargo, como el de la quinina o chinchona.
Es percibido con intensidad en la región posterior de la lengua, y en general
se lo asocia con reacciones naturales de rechazo contra la ingestión de
sustancias tóxicas. Pero no existe un perfil molecular común a todas las
sustancias de sabor amargo.
Sabor dulce, como el del azúcar. Es percibido
preferentemente en la punta de la lengua, y asociado de manera natural con las
fuentes de energía bioquímica, como los carbohidratos, y por lo tanto recibido
con agrado. De hecho, la mayoría de las sustancias de sabor dulce tiene
orígenes orgánicos, como los azúcares (sacáridos), algunos alcoholes, cetonas y
el glicerol.
Sabor salado, como el de la sal de mesa. Es
percibido en las regiones laterales y anteriores de la lengua, y se debe a la
presencia de átomos de sodio o de potasio en la comida. Muchos compuestos
orgánicos son también salados, y el reconocimiento y la aceptación de alimentos
salados se produce alrededor de los cuatro meses de edad.
Sabor umami, como el del glutamato de sodio.
Es percibido por todos los receptores de la boca y la lengua, indistintamente
de su posición, y el primer encuentro que tenemos con él proviene de la leche
materna. Este sabor básico no se “descubrió” hasta principios del siglo XX,
cuando fue formulado por el fisiólogo japonés Kikunea Ikeda (1864-1936), y se
aceptó científicamente mucho después. Su nombre significa “sabroso” en japonés.
Cuidados del sentido del gusto
Para cuidar el sentido del gusto debemos
cuidar nuestra boca y nuestra lengua, entendiendo que existe un proceso
degenerativo natural que con el pasar de los años nos hará perder la intensidad
de los sabores. Sin embargo, debemos tomar en consideración los siguientes
peligros:
El consumo crónico de tabaco y alcohol
deterioran las papilas gustativas.
La exposición continua de la lengua a
sustancias picantes, demasiado calientes o demasiado frías, deteriora la salud
de las papilas gustativas.
No llevar una correcta higiene bucal y salud
odontológica pueden perjudicar el sentido del gusto.





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